Texto no restringido

Aunque, si bien se piensa, ¿de qué sirve mucho texto, mucho vocabulario, si la gente -el elemento joven, sobre todo, diría- utiliza tan poco vocabulario ya (¿a lo mejor es que le ha dado mucha carga, a ese poco?)

miércoles, 27 de marzo de 2013

MÉDICOS, esa patulea

Desde los lejanos años -era muy joven- en que me realizaron la primera operación de estómago -la hizo un médico militar, quien, según he sabido después, se ejercitaba con los soldados que volvían heridos del frente. A ellos, no sé cómo los dejaría, pero a mí me desgració de por vida. Una segunda intervención, no menos brutal (quizá por lo débil que me encontraba) no mejoró las cosas, con todo y ser en el Opus, que se consideran los más listos y eficientes. No quiero ni pensar en cuánto habrían facturado a la Seguridad Social de entonces, pues no tenían empacho para proponer operaciones y apaños varios, como, por ejemplo, operarme de los pies que ya habían sido operados de otra cosa; esta vez de pies planos y, simultáneamente, el desalmado de turno propuso operarme de la nariz, cosa que no quise.
Después, al considerar que no me habían dejado bien del todo los pies en la primera operación, le pedí al traumatólogo que me lo rectificase y, ¿qué hizo él? Sin decirme oxte ni moxte, me opero el dedo siguiente, contiguo, digamos, y lo tengo torcido. Ya no quiero, claro, que me lo enderece, que se opere él.
 La continua y fuerte anemia posibilitó que atrapase un virus por un oído, que me destruyó, dejándome en coma con meningo-encefalitis.
Sucedió a eso el fastidiarse el ojo del lado opuesto -el oído, fue el derecho, el ojo, el izquierdo, para equilibrar, por una maculopatía.
Pues bien, a día de hoy, los síntomas que refiero no sé si son creíbles o no, pues los distintos galenos no han podido no ya curarme, ni siquiera saben de qué hablo.
Salen con ambigüedades, pero pocos, a pesar de lo exiguo de su ciencia, te rebajan la tarifa, y les vale todo.
En esta ciudad, en esta tierra, se les considera una especie de santones, superiores al común de los mortales, ¿por qué? En primer lugar, si han estudiado ha sido gracias, seguramente, a las ayudas -vía impuestos- de otras gentes que no hemos podido acceder a tan gloriosas instancias. En segundo, esos galenos bien situados, apesebrados, parecen impedir que otros colegas suyos más jóvenes que llegan a esa palestra lo tengan más fácil.
En la fecha en que efectuaron mi salvamento, mi rescate, del coma y todo aquello, lo consideré una gran suerte. Actualmente pienso que lo que mueve a esos figuras es, más bien el lucirse.
¿Seré presa de la subjetividad, únicamente?. (Y en ese punto, los que entran a suertes son los comecocos, me parece). Al menos Jean Baptiste Poquelin -léase Molière- se ensañó con ellos con gracia y sarcasmo, otro autor, muy posterior en el tiempo, éste y en otro género literario, los puso en solfa a los psico terapéutas en una novela policíaca que me gustó mucho, ¿por qué no he de hacer yo algo parecido y amortizar tanta rabia, tanto sufrimiento...?  

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