Como lo fue la corta vida de Luisa Sanfelice, que murió decapitada en Nápoles el 11 de septiembre de 1800, cuando contaba treinta y seis años.
Fue una de las cabecillas de la revuelta jacobina y protagonista junto con otros, de la República napolitana de 1799.
La condenaron los borbones, ¡cómo no! Los mismos borbones que, de regreso a Nápoles organizaron una represión violenta y cruel, intentando borrar todo rastro de la República napolitana.
La reina María Carolina, esposa del rey Fernando y hermana de María Antonieta, asesinada durante la Revolución francesa se ensaña con una furia especial contra las damas napolitanas que han abrazado la causa jacobina.
Forzaron a Luisa a casarse, a los 17 años con su primo Andrea, un año mayor que ella. Él está de oficial en el ejército borbónico y aun cuando son pobres al casarse, en pocos años lo serán más, por la afición del joven marido al juego y al derroche.
Con tres hijos, Luisa queda en la más completa miseria. El rey los separa, desterrando al marido al feudo de Agropoli, mientras que a Luisa la encierra en el convento de Montecorvino, habiendo vivido sólo tres años con su marido.
A pesar de que los jóvenes esposos intentaron una y otra vez lograr el permiso para reunirse, ya que aún se aman, al parecer, Luisa tendrá un cuarto hijo del que se ignora quién fue su padre.
Nápoles fue jacobina por un periodo fugaz, y conoció muchas dificultades. La recién instaurada República carece de todo; de fondos, de ejército y también del apoyo concreto de los franceses, quienes cuando llegan a la ciudad lo hacen más como ocupantes que como aliados -esto resulta déjà vu, por estos pagos, cuando de República se trata, quiero decir, que parece taaan tabú vs la poderosa y eterna, como la Iglesia de Roma, monarquía-.
Por fidelidad, devoción..., a no se sabe cuál de sus varios amantes, Luisa se quedó en Nápoles, y cuando Fernando volvió, y a pesar de la amnistía que decretó para evitar gastos en las prisiones, eso no afectó a Luisa Sanfelice, a quien consideraron "rea de Estado"
Con la República jacobina plantaron la semilla de la unidad de Italia.
Una vez inaugurada la estación de la clemencia, el verdugo oficial, Mastro Donato puede descansar un poco. Por ello, cuando se decide la ejecución de Luisa Sanfelice, nadie sabe dónde encontrarlo, por lo que se busca a toda prisa un sustituto. La tarea recae en un carnicero, que pretende obtener a cambio una suma considerable.
Y entonces sobreviene el horror más espantoso:
Diomede Marinelli, cronista de la Revolución, escribe el 11 de setiembre: "Hoy se ha decapitado a Luisa Sanfelice. Ha estallado un tumulto en la plaza del mercado. Doña Luisa ya había estado dos veces a las puertas de la muerte, pero había logrado zafarse. Esta vez no se ha librado".
Marinelli nada cuenta de la ejecución, que es crudelísima. Asustado por la tarea que había de realizar, el inexperto verdugo falla el primer golpe: clava el arma a la condenada a la altura de la clavícula, desgarrándole el hombro. Gritando, cubierta de sangre, Luisa trata de huir, pero el carnicero la agarra y la degüella con un cuchillo, como un cordero pascual.
Y, junto con la vida de Luisa Sanfelice, acabó la República Partenopea, ambas de manera lo más brutal posible.