Texto no restringido

Aunque, si bien se piensa, ¿de qué sirve mucho texto, mucho vocabulario, si la gente -el elemento joven, sobre todo, diría- utiliza tan poco vocabulario ya (¿a lo mejor es que le ha dado mucha carga, a ese poco?)

viernes, 8 de febrero de 2013

No me creo una catastrofista

Me desespero cuando percibo que ciertas gentes no ven lo mismo que yo en esta degradación, alteración climática.
Me descubro, tras esos episodios de frustración, recordando lo que nos inculcaban a machamartillo en mi infancia sobre aquellos profetas que predicaban en desierto, aquellos que no encontraban la cuota necesaria de justos y veían cómo sus coetáneos se encaminaban al abismo de la destrucción sin querer cambiar su modo de vida. 

Hoy mismo, solamente he recorrido un trecho, no largo, de calle y el viento soplaba en ráfagas tan violentas que no permitía protegerse de la lluvia -no sé si era aguanieve-; poco ha faltado para que me derribase. 

También la nieve que cubría la pasarela sobre la autopista estaba resbalosa, bien por estar semihelada, bien 
porque el mismo hecho de ser tan húmeda la hacía poco firme. Estos fenómenos me han atemorizado y he vuelto pronto a casa. Pues bien, al poco de regresar, el viento ya no era tan brutal, incluso apenas se notaba. 

Quiero significar que es como si algún, algunos malvados lo hubieran programado así, más o menos; o si no, 
de tanto como se ha manipulado la atmósfera, de tanto como se le agrede al planeta en general, termina por salir por sus fueros y bien desquiciado, por lo que se ve. 
Se puede comprobar lo manga por hombro que va todo, pues no bien ha terminado de nevar y hay una capa consistente, empieza de nuevo a llover, y con viento fuerte, para completarlo. 

Ese monte nuestro va a disolverse como un azucarillo. Los pobres animales y plantas son quienes lo sufren. 

Cuando veo a gente que lleva a sus perros mascotas a pasear por allí, no puedo menos de comparar el destino tan dispar de las distintas especies de animales: unas, desaparecidas, extintas, incluso, otras pasando mil penurias y los canes, sin embargo, porque unas gentes mimadas lo quieran, son tratados con toda clase de consideración, lo que apruebo, aunque eso de verlos con esos abrigos que les ponen, tan ridículos algunos, me parece excesivo. 

O, como una mujer, que quiso impedir que su perro bebiera del agua de un charco. Hizo, posiblemente, lo mismo que con sus hijos, que le acompañaban: ¡no te manches...! y todo eso que les dicen algunas medio neuróticas.

Mi recuerdo va ahora para aquel último ejemplar, una hembra, de sarrio, que murió aplastada por un árbol, sin que el Gobierno, el aragonés en este caso, hubiera tomado ninguna medida para protegerla. Sin embargo, según leí, años antes, cuando inauguraron un mirador, creo recordar, en ese mismo monte, a las autoridades que acudieron, les sirvieron, como gran cosa, supongo, carne de sarrio, los muy...            

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