En esa serie que veo últimamente de lunes a viernes en la sobremesa, The closer, la Subjefa Brenda Ley actúa como una Teresa de Calcuta, de la Policía, que no de la ley. Van siempre sobraos' de justicieros, ella y sus inspectores. No pueden ser más autoritarios; aunque invariablemente su prepotencia se desborda con los de condición modesta, negros sobre todo.
No sé si a los que tienen poder les lamerá las suelas la Brenda, pocas veces sacan a gente significada y respetable de la sociedad, tanto de la ciudad en que desarrollan su encomiable labor, como en la del resto del país.
En varios episodios se ceban en los pandilleros mejicanos inmigrados, como no. En ciertas entregas revistas últimamente, sacan, curiosamente todos los delincuentes que han seleccionado con apellidos vascos, lo que yo encontré significativo.
Teniendo en cuenta lo que la nación gringa le robó, en territorio, a Méjico tiene maldita la gracia. Y les llamo 'Gringos', no sólo por tomar la voz mejicana, sino porque, ¿Dónde se ha visto, denominarse "norteamericanos" -más al norte queda Canadá- "estadounidenses" -también existen los estados de Méjico, sin ir más lejos...-
Me reprocho a mí mismo el estar tan colgado de dicha obra, pero no se le puede quitar que es una buena serie, con actuaciones excelentes de todos los actores.
Y que es verano, que no hay nada mejor a esa hora, y que para leer me las veo y deseo, con la potentísima luz que me hace querer ser topo....
En mi opinión -modestísima, claro- les habrán subvencionado con suculentas cantidades. Y no con dinero de los pólipos, sino echando mano del dinero público, recortando, como acostumbran a hacer, el cada vez + exiguo dinero destinado a fines sociales, esto es Sanidad, Educación, I+D, que favorezcan a los trabajadores, por mencionar sólo un poco de lo mucho que hay para rehabilitar.
Otra de las cosas chocantes -por no decir infumable-, de The Closer, es la relación que le adjudican a la pareja de la subjefa Jhonson - o como se escriba-, el papelón que le hacen interpretar al aguerrido Fritzi/y del FBI, dejando pasar tantas cosas a su amada Brenda, en casa y en el trabajo. No se lo creen ni ellos, que un macho alfa, como más bien quieren mostrarlo, se avenga a tanto: tampoco es ella tan despampanante. En fin, esos guionistas, ya se sabe...
Pues han pretendido hacer una tortilla amalgamando sentimientos de la subjefa "que se pone del lado de las víctimas", cuando enseña los dientes, literalmente, con una dureza feroz, con casi todos los detenidos en sus careos (siempre que sean, no lo olvidemos, "delincuentes" y que sobre todo estén ya en prisión).
Por otra parte, plasma bien la carencia de escrúpulos que suelen demostrar los miembros de las fuerzas del orden, apalancando chanchullos para ganar dinero, aunque haya montones de gente viviendo en el paro y en precario. No hay más que ver la desvergüenza (ahí se nos muestra como desparpajo) del inspector
Provenza, el salao' de la loca academia, que prácticamente nunca es sancionado por su jefa, y sí admirado por sus compañeros. Entre esos compañeros, el de origen chino, el mejicano, el negro (a pesar de su grado de sargento), son los que desempeñan las tareas más 'sucias' y expuestas, por algo son foráneos -aunque los descendientes de anglosajones y demás, bien extranjeros que podrían considerarse, estrictamente hablando.
Y desde luego, esa gente funcionan a base de prejuicios e ideas preconcebidas, de lo contrario no serían policías, paladines de la sociedad y la clase que los ha escogido para defender sus intereses.
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