Texto no restringido

Aunque, si bien se piensa, ¿de qué sirve mucho texto, mucho vocabulario, si la gente -el elemento joven, sobre todo, diría- utiliza tan poco vocabulario ya (¿a lo mejor es que le ha dado mucha carga, a ese poco?)

domingo, 29 de diciembre de 2013

Leyendo, con retraso, ya sé, pues no había caído antes, en mis manos, el libro la colección de artículos periodísticos -es un compendio de los años 2005 a 2009- de Arturo Pérez-Reverte, el escritor de novelas, publicadas y vendidas con gran éxito, incluso hechas película, algunas, me cunde el asombro, me descoloca, la rabia con que arremete contra los que pelean por la autodeterminación -o léase independencia- en Cataluña, sobre todo, pues ahora, el Principat está más en candelero, y en Euskal Herria. En mi muy modesta opinión, lo que escribe en dichos artículos Pérez-Reverte chorrea envidia, despecho, resentimiento... y no me explico yo por qué, a qué se debe todo eso exactamente. Por contra, su añoranza de cuando España era el enorme imperio que fue -de corta duración, por lo demás- cuando reinaron los Austrias, unos advenedizos extranjeros, no lo perdamos de vista, se atisba de enormes proporciones. Para este escritor, todo parece reducirse al concepto 'España', Estado, además, poderoso -eso quisieran él y otros- y centrípeto. Según él y los de su cuerda o cordada, sólo existe la nación española, a las demás, al resto, periférico como incluso lo es su 'Mursia', (así la llama él), respecto a Madrid, que nos den mucho -más bien que nos quiten, se diría-. No sé por qué he eludido leer cualquiera de sus libros, lo cual es una lástima, pero otros de mi familia sí lo han hecho y les ha gustado -es el caso de 'La Tabla de Flandes'- aunque, si se guía por sus aberraciones ninguneadoras, en lo que respecta a la historia de Navarra -con inclusión de todos sus demás territorios-, Cataluña, Ídem del lienzo, pues, oye, lo siento, no sé... Al menos, de Fernando Sánchez Dragó, otro que, me atrevería a decir, parecido baila, se puede extraer -y deleitarse- con su tremenda logorrea, sí, pero al mismo tiempo documentadísima escritura sobre los antiguos pueblos que habitaron la Península Ibérica, como, entre otros, los Cunetes, creo recordar, que caerían hacia Murcia o por ahí, precisamente, patria del insigne que nos ocupa, creo. Pues eso, que no sea tan excluyente, parcial, sobre la historia y origen de su adorada España, y al mismo tiempo, agresivo, faltón, ultrajante con otras historias de otros pueblos que tal vez le den sopas con honda a esa, no sé si entelequia de 'España'. Ya que, no olvidemos en qué quedó Castilla después de los Comuneros: eliminada, engullida a beneficio del imperio que querían los Reyes Católicos y, antes que ellos, Carlos I /España/ y Quinto /Alemania/, el iniciador de la saga, quien no dudó en recluir a su propia madre, Juana, tildándola de loca, muy oportunamente, puesto que le estorbaba para sus desmesurados planes de grandeza, y era mujer... Y si hablamos de otros reinos, como el de León, tan ignorado, el de Galicia, grande así mismo un día, sin duda. Traigamos a colación la tierra del Principado de Asturias, según la clasificación actual, invadida por visigodos, que reivindican -él, entre otros- como tan cristiana y española, hablemos también de la extensa y rica Andalucía, a la que no pararon, tampoco de acosar y hostigar, con bien de soldadesca armada hasta los dientes, claro, hasta conquistarla aquellos Reyes Católicos que tanto reverencian los de la calaña, en ideas, de este eximio miembro de su dilecta RAE... ¡Menuda historia! Con ejércitos que superaban en muchísimos 'honrados mercenarios' a los pueblos invadidos, pasando por las armas a todo cristo (por plagiar su estilo de escritura), ¡así cualquiera!. Por todo ello, me permito yo, desde mi 'ignorante' posición de lega en las lides de escribir, decirle a este don figura, que siga de -jodido a la vela- en su barco de no sé cuántos palos, que navegue todo lo que quiera y que deje a otros -pueblos, naciones- navegar ellos también en paz, en pos de su independencia y libertad hasta lograrla. Amén, ¡Adioooos!

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