Decir que los banqueros están o son remisos a pagar lo que deben es como señalar una redundancia. Pero que parezcan regodearse en ello es un recochineo.
Se puede pensar que, desde su prepotencia no habrán reparado en que todavía no han satisfecho mis pequeñas cantidades, pero, a la hora de cobrarme, ellos no le hicieron ascos a mi dinero, aunque fuera poco.
Claro que, también cabe la posibilidad de que la empresa que aseguraba devolvería el dinero, del mismo modo que me dio la brutal patada, quitándome los pretendidos privilegios, a la vez que hacía ver que era yo quien no quería ese trabajo, llevándose bonitamente mi primera encuesta, evitando pagarme el dinero generado por hacerla, así como los bonos que ofrecían por ella, haya sido la verdadera tramposa, incumpliendo todas sus promesas y dejándome en la estacada sin ningún remordimiento ni ápice de ética.
No contentos con ello, me sacaron de su membresía, ¡qué pretenciosa suena esta palabra!, sobre todo en ellos, que a la postre, han resultado ser unos embaucadores, sean los de Last Pass, sean quienes hacen de intermediarios, con ese Alex Berezowsky, otro pseudónimo quizás, a la cabeza.
En un primer momento, consternada, horrorizada, pensé que había sido yo quien no había estado a la altura de tan sublime negocio. Típica reacción de una mentecata con la autoestima esa tal vez bajita.
Ahora me digo que eso ha de servirme de lección, aunque cualquiera sabe, cuando mis ojos, mi ojo derecho clama resarcirse por las horas de tormento a que les sometí, y no sólo a ellos sino a mi oído hábil, haciéndole oír tanta palabrería, productiva sólo para ellos.
Lejos de mi intención el pretender ofenderles, pero ese sonsonete de acento sudamericano me resultaba, de entrada, penoso a efectos de concitar mi atención.
Resulta significativo, por lo demás, que también el de Facebook sea sudamericano (a tener en cuenta: Gabriela Torres, Gabriel Blanco).
Todos esos perfiles que neciamente hice, sólo contribuyeron a que ellos se hicieran su composición de lugar, obtuvieran mi perfil, lisa y llanamente. ¡Hay dama boba, ay! Mortificante por demás.
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